El atardecer

La película termina.
El comienzo,
infinito,
siempre el comienzo,
vuelve a mí.
Aunque lo imagino,
lo sueño,
ese atardecer
juntos
fue de otros.
Cayeron pétalos secos.
Hubo algo de primavera,
de esperar,
ver qué pasa.

Ahí mismo
una mancha de humedad,
un rollo que salta,
un corte imprevisto.
Las manos no se juntan.
Bajo la mirada.
El final,
amor mío,
acaba de comenzar.

Después de vos

En esa silla no había nadie.
En esa silla ahora estoy yo.
Esa silla parece, sin embargo,
aun vacía.
Buscamos lo que falta.
Nos paramos,
nos volvemos a sentar.
Hacemos como que no vimos,
allí, tirado,
el fin de la esperanza.
Unas pocas palabras
escondiendo el silencio.
Un cómo estás,
dos cómo estás.
La sensación de que ya no puede decirse
lo que rodea la verdad.
Y aún queda algo.
y aún sigo acá.
Y aun mantenemos la mirada.
Afuera seguro hace frio,
pienso en decir.
Vendrá la pregunta.
Por qué, por qué.
De nuevo la silla a su lugar.

***

Fotografía: Maria Pop

Lo útil

Dejo el tiempo pasar.
Ya no se hacer
con vos
otra cosa.
Ordeno papelitos,
leo un cuento,
y un niño en una misa
descubre la muerte.
Lo útil, me recrimino,
nunca fue para mí.
Empiezo a moverme sin sentido.
Esta piel
que deja pasar todo el frio.
¿Dormís?
¿Descansás?
Escucho que tosés.
Me digo
aquí, sentado,
Esteban,
tenés que hacer algo.
Pero cómo puedo pedirte perdón,
si quizás inventé todo,
si ni siquiera logro
gritar.

***

Fotografía: Maria Pop

Medio horizonte

La escalera sube,
yo subo,
me sube.
Aunque parece tan
el mismo lugar.
Surge,
me obliga a mirar hacia abajo,
un escalón invisible.
Pienso en el horizonte a medias.
La posibilidad de más,
o caer.
Y llegamos a un punto:
estoy aquí rendido,
perdí hace mucho.
Sentado, espero unos segundos,
hoy no quiero hablar.
Hace calor aquí,
una tibia melodía de fondo.
Y es raro:
me acabo de inventar un escalón,
para no llegar.

***

Fotografía: Mabel Amber.

Hoja marcada

Empiezo un libro.
En el medio, otro.
Los ojos me arden,
los ojos no saben.
Y busco, a tientas,
en el nuevo principio,
el comienzo de un final.

No hago lo que quiero.
Las palabras se llenan,
se rinden.
Su vida propia
confundida por un sueño lejano.
Un poco más allá,
punto,
y sería tan feliz.
Cierro ahora,
en el espejo sin misterio.
Queda la hoja marcada,
la nunca futura,
oportunidad.

***

Fotografía: automnenoble bogomolov

La falta

Una calle pintada.
Las sombras siempre enfrentadas,
y nuestras figuras intermitentes.
Como puedo,
sin el sueño pasado,
nos hago caminar.
Tu rostro se va,
es otro,
se confunde con lo gris.
Los ventanales, decís que sí.
Vamos,
hacia ese juego de niños.
Muchas formas de subir,
de bajar,
que nunca usaré.
¿Está, ahora,
la multitud de ojos ajenos?
¿Nos ven llegar,
doblar, desaparecer?
Algún testigo de nuestras manos,
lo que te dije para que rías,
la mirada que inventé.
La moribunda imaginación
hecha memoria.
Duele más la falta,
que recordar.

***

Fotografía: Arron Anon

Papelitos

La pregunta
con la cabeza apoyada en la almohada,
que vuelve.
Si estoy,
cómo estoy,
cómo estás.
Busco una vez más.
Por dentro tiemblo.
Por dentro, nada.
Cuanto frío aca,
y tan tapado.
Las palabras que dije,
que no dije,
que ahora susurro,
rezando.
Ese cuento de papelitos
en una chimenea.
Y los silencios de los llantos
de una madre, viajando
como cenizas.
Esa espera, eterna,
de que algo llegue.
De que, hija, tu,
escuches,
Y yo aquí,
sin poder hablar.
Me dicen loca.
Y otro papelito,
qué ruido que hace,
ocupando mi lugar.

Para siempre

Dejás allí un recuerdo.
Dejás, tirás,
una cadenita que lleva una cruz.
La apoyás con cuidado,
la acariciás, la rompés.
Buscás que los pedazos,
los pies, las manos con los clavos,
cuadren en heridas viejas.
La palabra hace el esfuerzo.
Los eslabones encadenan.
De pronto, como si nada,
se perdió un lugar más
para la libertad.
Te sigo escuchando,
cada vez menos yo,
pero aquí estoy.
Guardo también ese tren,
por si lo necesitás.
La camioneta, los golpes de tierra húmeda.
Tus llantos, ese otro que no fue.
Tené cuidado, por favor,
el desorden es tan precario.
Vendrá, luego, algo más.
Y ese día sin hablarte,
es solo la señal del para siempre
de mi memoria.

***

Fotografía de: Ryan Holloway

Un juego antes de soñar

Solo un leve rasguño
de una astilla
que deseaba, al menos,
esa gota de sangre.
Quedó el rojo,
el suspiro,
la pregunta.
Todo siguió.
Pensaron, quizás,
que el sacrificio
era la muerte,
el final.

Pero algo penetró.
La silla, obstinada,
se mantuvo firme.
La mancha,
en asedio,
se expandía.
Irremediable,
la acercaron al fuego.
No supo si temblar o llorar.
Volvió a ser,
solamente,
madera.
Despojada de todo,
antes de arder,
sintió paz.

Y todo, todo,
siguió.
Nadie alzó la vista.
Nadie vio las cenizas
alejándose del ruido,
pensando en volver
a aquel antiguo bosque,
de tierra seca.
Y la astilla,
y la gota de sangre,
cayeron rendidas.
Apenas lograban ver,
pensaron en reír.
Surgió, imprevisto,
un nuevo brote.
Ya lo sabíamos,
habrá una próxima vez.